Primera parada, Henry’s Drive In “it’s a meal in itself” en Cicero, muy cerca de Chicago a probar su famosísimo hot dog. Nos encantó y ha sido el primer lugar en el que encontramos la huella de la ruta.
De ahí a Joliet, una ciudad sorprendentemente pequeña para el teatro tan alucinante que tiene. No quisimos entrar porque las visitas son guiadas y duran una hora. Nos gustó mucho pero no tanto como para quedarnos tanto tiempo. Después fuimos al primer museo que encontramos en la ruta, el Route 66 Welcome Center. La entrada vale 5$ por persona. Tiene también una tienda llena de todo tipo de cosas relacionadas con la ruta. Acabamos con las imanes de la estantería de tantos que nos llevamos y sacamos unas fotos muy chulas. También compramos una pegatina para tunear el coche y que hasta él nos recuerde dónde estamos.
Salimos de Joliet y continuamos para bingo. Comemos en el Polk a Dot, un restaurante de carretera de los años 50 que nos cuesta un montón encontrar porque las señales de carretera brillan por su ausencia. Está lleno de Elvis, Marilyns, Betty Boops… etc. y tiene una decoración curiosa. En las puertas de los baños de los chicos hay una chaqueta de los T-Birds y en la de las chicas la de las Pink Ladies, las pandillas de Grease. Ni la camera nos entiende ni nosotros la entendemos a ella. Bienvenidos a la América profunda.
Continuando por la 66 seguimos viendo gasolineras antiguas y referencias a la ruta cada poquito. Problema? Todo cierra entre las 5 y las 6 de la tarde. Acabamos pasando por delante de un montón de sitios ya cerrados. O vigilamos tema horarios o estamos muertos, juasss…
Eso sí, vemos el primer gigante de la ruta, el Gemini donde le sacamos esta foto tan estupenda a Geni y Marian.Llegamos a Pontiac que salvo por el nombre no tiene nada que ver con los coches y acabamos durmiendo en un sitio medio de aquella manera, pero limpito que es lo que necesitamos. Primer día de ruta, primer subidón de adrenalina.

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